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¿Por qué la mente acepta tan fácilmente respuestas triviales a problemas aparentemente tan profundos?
¿Por qué se acepta una explicación trivial donde hay un problema profundo? ¿Por qué vivimos de palabras? Ése es el verdadero problema. ¿Por qué las palabras se han vuelto tan importantes? Sufrimos, pasamos por grandes dolores y llega alguien que da explicaciones y buscamos consuelo en esas explicaciones; así tenemos a dios, la reencarnación esto, aquello, lo otro.

Aceptamos la palabra, la explicación, porque nos brinda consuelo; cuando sufrimos, cuando estamos en un estado de ansiedad, la creencia fortalece. Vivimos de las explicaciones de los filósofos, psicólogos, sacerdotes, gurús y maestros, lo cual significa que vivimos de segunda mano; somos personas de segunda mano y nos sentimos satisfechos.

La palabra ‘dios’ es un símbolo. Los símbolos se toman extraordinariamente importantes, como la bandera, ¿Por qué la mente hace eso? Leemos mucho acerca de lo que otra gente ha pensado; por televisión vemos lo que está pasando; siempre son los demás quienes dicen lo que debemos hacer. Como consecuencia de eso, la mente de uno está paralizada y por eso vivimos siempre de segunda mano.

Nunca nos preguntamos: “¿puedo ser una luz para mí mismo, no la luz de otra persona, la luz de Jesús o de Buda?” ¿podemos ser nuestra propia luz? Lo cual significa que no hay ninguna tiniebla, porque ser nuestra propia luz quiere decir que nunca se apaga por medios artificiales, por circunstancias, por accidentes o por aflicción alguna. ¿Podemos ser esa luz nosotros mismos?  Es posible que seamos esa luz para nosotros mismos cuando la mente no tiene retos, porque está completamente atenta.

Pero la mayoría de nosotros necesita retos, porque generalmente estamos dormidos, dormidos por que los filósofos, todos los santos, todos los dioses, sacerdotes y políticos nos adormecieron; y no sabemos que estamos dormidos, creemos que es lo normal. Un hombre que desea ser una luz para sí mismo debe liberarse de todo esto. Podemos ser nuestra propia luz sólo cuando no hay ego; entonces esa luz es la luz eterna, imperecedera, inconmensurable.

De las conversaciones con el Maestro espiritual:
J. KRISHNAMURTI

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