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¿Cómo podemos responsabilizarnos de lo que sucede en el mundo mientras seguimos viviendo nuestra vida cotidiana? ¿Cuál es la acción correcta en relación con la violencia y al enfrentarnos con ella?

¿Es diferente lo que sucede en el mundo exterior de lo que sucede internamente? En el mundo hay violencia, gran confusión, una crisis tras otra; hay guerras, divisiones por nacionalidades, diferencias religiosas, raciales, y comunitarias, una serie de conceptos sistematizados en contra de otros, y ¿es todo esto diferente de lo que sucede en nuestro interior? Nosotros también somos violentos, también estamos llenos de vanidad, somos terriblemente falsos; utilizamos distintas máscaras dependiendo de cada ocasión.

Así pues, como el movimiento oscilante de las mareas; somos los causantes de lo que sucede externamente y eso no es posible cambiarlo a menos que nosotros, como seres humanos, cambiemos. Ése es todo el problema. Pretendemos hacer algo en el mundo: tener mejores instituciones, mejores gobiernos, etcétera, pero nunca decimos que nosotros hemos creado todo esto. A menos que nosotros cambiemos, eso no cambiará. Después de los millones de años que hemos vivido, estamos exactamente igual, no hemos cambiado fundamentalmente y seguimos causando estragos en el mundo.

El hecho es que nosotros somos el mundo; eso no es una idea, sino una realidad. ¿Ven la deferencia entre la idea y la realidad? Cuando escuchamos la afirmación de que uno es el mundo, inmediatamente hacemos una idea, una abstracción de ello; y a partir de ahí discutimos la idea, de si es verdadera o falsa, y así perdemos la realidad. Pero el hecho es que somos el mundo; ése es el hecho.

Por tanto, somos responsables de cambiarlo. Lo cual quiere decir ser por completo responsable de la forma como vivimos nuestra vida diaria. No se trata de modificar el caos que estamos generando, de decorarlo, de unirse a este o aquel grupo o institución, sino como seres humanos que somos del mundo producir una transformación radical en nosotros mismos; de lo contrario no puede haber una buena sociedad.

La mayoría de nosotros encuentra que es difícil cambiar; por ejemplo, dejar de fumar. ¡Hay instituciones que nos ayudarán a dejar el tabaco! Observe cómo dependemos de las instituciones. Por tanto, ¿podemos averiguar por qué no cambiamos, por qué no lo hacemos, por qué cuando vemos algo equivocado, ´equivocado´ entre comillas, no acabamos e inmediato con eso? ¿Acaso esperamos que otro traiga orden al mundo, para luego sencillamente aceptarlo? ¿Somos indolentes, psicológicamente perezosos, incompetentes?

Cuantos años nos pasamos adquiriendo ciertas técnicas, asistiendo a las clases de secundaria, de la universidad, para conseguir un doctorado y, sin embargo, no pasamos un solo día intentando cambiar. De modo que nuestra responsabilidad es producir un cambio radical en nosotros mismos, porque somos el resto de la humanidad.
La siguiente pregunta era: “¿Cuál es la acción correcta en relación con la violencia y al enfrentarnos con ella?”. La violencia es ira, es odio, conformidad, imitación y obediencia. El no aceptar todo eso es precisamente crear su opuesto. ¿Es posible liberarse de la violencia -que es parte de nuestra vida, probablemente heredada del animal-, no sólo de forma parcial, sino por completo?

Eso significa estar libre de la ira; pero no sólo significa estar libre de la ira en sí misma, sino también que no haya ira en la mente. De forma similar es estar libre de la conformidad, no sólo de la conformidad externa, sino de la conformidad a través de la comparación. Desde el punto de vista psicólogo, siempre estamos comparando; yo era, soy algo o llegaré a ser. Una mente que siempre está comparando, juzgando, es agresiva. Si la mente está libre de la imitación, de la conformidad y de la comparación, entonces de esa libertad surgirá la acción correcta.

¿Puede la mente estar completamente libre de toda violencia? Si eso es posible, entonces, ¿Cuál es su respuesta cuando se encuentra con la violencia? Si nos encontramos cara a cara con la violencia, ¿qué sucederá? ¿Podemos nosotros decidir lo que sucederá cuando nos encontremos con ella? Cuando el cerebro se halla frente la violencia experimenta una reacción química muy rápida; reacciona mucho más rápido que un rayo; el propio cuerpo reacciona de forma inmediata; uno es incapaz de moverse, es la presencia misma de la ira o del odio la que provoca la respuesta y la acción.

Observe lo que sucede cuando estamos frente a una persona furiosa y no reaccionamos. En el momento en que somos conscientes de la ira de la otra persona y no reaccionamos, hay una respuesta muy diferente. La respuesta instintiva de uno es responder al odio con odio, a la ira con ira, con lo cual surge una reacción química que altera el sistema nervioso; pero si al estar en presencia de la ira todo esto permanece en calma algo distinto sucede.

De las conversaciones con el MAESTRO espiritual:
J. KRISHNAMURTI

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