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La Emoción

Las emociones son muy fuertes y nuestros apegos también lo son. ¿Es posible que estas emociones al observarlas y verlas pierdan fuerza y consistencia?
El intentar controlar, dominar o eliminar las emociones y los apegos de ninguna manea reduce el conflicto, ¿verdad? ¿No son nuestras emociones tan fuertes que tienen consecuencias? Lo primero es ser consciente, darse cuenta, saber o reconocer, ver que nuestras emociones son muy fuertes y también que estamos muy apegados. ¿Qué sucede cuando uno es plenamente consciente de eso?

Uno se da cuenta de que está apegado, de que tienen emociones fuertes de odio, de celos, de antagonismo, de agrado o desagrado; ahora bien, al ser tan fuertes esas emociones, ¿no nos limitan y controlan nuestra forma de actuar? Si uno mismo se examina, observa las emociones y los apegos, que aparentemente son muy fuertes y se da cuenta que actúan como barreras que impiden tener un pensamiento lúcido, que impide actuar con claridad ¿se da uno cuenta de todo esto o simplemente lo acepta como inevitable? Uno mismo se dice: “Sí; tengo emociones muy fuertes y estoy tremendamente apegado, pero no me importa, es parte de la vida; no me importa luchar, pelearme con todo el mundo”. Ahora bien, cuando uno dice que es consciente, ¿Qué quiere decir con eso? ¿Quiere de

cir saber o reconocer? ¿Puede el pensamiento reconocer el apego? Cuando uno dice: “Sí; estoy apegado”, ¿es la acción de pensar la que dice “estoy apegado”?
Así pues, si digo: “Estoy apegado”, ¿es eso un hecho o una idea? Un hecho no es una idea. Este micrófono. Puedo crear una idea de él, pero el micrófono es un hecho, porque puedo tocarlo, puedo verlo. Por tanto, ¿es mi apego un concepto, una conclusión o es un hecho? De modo que cuando observamos el hecho, no la idea, no la conclusión sobre el hecho, sino el hecho en sí mismo ¿es el hecho diferente de uno, ese uno que está observando el hecho?

Cuando observamos el hecho a través de una idea, o a través de una conclusión que hemos escuchado de alguien, no estamos mirando el hecho. En el momento en que estamos realmente mirando el hecho no estamos verbalizándolo. Por tanto, ¿Cómo miramos un hecho? ¿lo miramos como algo separado de nosotros? ¿es el apego algo distinto de nosotros o es parte de nosotros? El micrófono está separado de nosotros, pero el apego, la emoción, son parte de nosotros, el apego es el ‘yo’; si no hay apego no hay ‘yo’. Es decir, darnos cuenta de nuestras emociones, de nuestros apegos, es ver que forman parte de nuestra naturaleza, de nuestra estructura. Cuando nos observamos a nosotros mismos no hay división, no hay separación entre el ‘yo’ y el apego; sólo hay apego, no la palabra sino el hecho, el sentimiento, la emoción, la posesividad del apego. Ése es el hecho, ése es el ‘yo’.

Por consiguiente, ¿Qué debo hacer con el ‘yo’? Cuando había una división entre el ’yo’ y el apego podía intentar hacer algo, podía tratar de controlarlo, podía decir: “Debo reprimirlo”; precisamente eso es lo que hacemos todo el tiempo. Pero si soy ‘yo’ mismo ¿Qué puedo hacer? No puedo hacer nada; solo puedo observar. Antes actuaba sobre él, pero ahora no puedo porque soy ‘yo’. Todo lo que puedo hacer es observar, porque la observación se ha convertido en lo más importante, no lo que intente hacer.

De modo que hay observación, no “yo estoy observando”; sólo observar. Si en esa observación empiezo a elegir, y digo: “No debo estar apegado”, ya me he separado, estoy diciendo que el apego no soy ‘yo’. Si en la observación no hay elección alguna, no hay rumbo, solo hay pura y completa observación, entonces lo que estamos observando se disuelve. Antes uno lo resistía, lo controlaba, lo suprimía, actuaba sobre él, pero ahora toda la energía está enfocada en esa observación; y si esa energía no está, es que no hay apego. En el momento que hay completa atención, sin ninguna interferencia del pensamiento – ¿Por qué debe interferir el pensamiento? -, entonces uno observa con la simpleza que se observa una mosca. De igual manera, simplemente observen sus emociones y apegos; ese observar reúne toda la energía y, por tanto, desaparece el apego.

Únicamente se apegan los que no son inteligentes, aquellos que no ven todas las consecuencias del apego. Los no inteligentes son los que dominan el mundo, son las personas fuertes de este mundo, y el resto estamos apartados. Pero si uno lo examina de cerca, entonces deja de estar apartado en todo esto y no malgasta energía en algo que no tiene sentido; en ese momento la energía está completamente enfocada en la observación y, como consecuencia, el apego se disuelve por completo.
Hagan la prueba y lo descubrirán. Deben examinarlo con suma atención a fin de que sus mentes al observar sean por completo transparentes. Sólo los que no prestan atención caen a un precipicio; pero en el momento en que uno se da cuenta del peligro, actúa. El apego es un peligro, porque genera temor, ansiedad, odio y celos, poseer y no poseer, todo lo cual es un peligro tremendo. Y cuando uno ve ese peligro, actúa.

De las conversaciones con el Maestro espiritual:
J. KRISHNAMURTI

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