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La Educación

¿En qué media influye la historia en la educación de los jóvenes?

 

Si hemos leído la historia, está muy claro que el hombre ha luchado contra la naturaleza, la ha conquistado, destruido y contaminado; el hombre ha luchado contra el hombre; siempre ha habido guerra. El hombre lucha para ser libre y, sin embargo, se hace esclavo de instituciones y organizaciones y, a su vez, intenta separarse de ellas para formar nuevamente otra serie de instituciones y organizaciones. Existe esa lucha constante para ser libre. La historia de la humanidad es la historia de guerras tribales, feudales y coloniales, las guerras de reyes y naciones; y todavía sigue así; la mentalidad tribal se ha vuelto nacional y sofisticada, pero sigue siendo una mentalidad tribal. La historia del hombre incluye su cultura; es la historia del ser humano que ha pasado por todo tipo de sufrimiento, por una diversidad de enfermedades, por guerras, persecuciones, creencias religiosas y dogmas, inquisiciones y tortura en nombre de Dios, en nombre de la paz y de los ideales.

¿Es posible enseñar todo eso a jóvenes? Si es la historia de la humanidad, si es la historia de los seres humanos, al ser los educadores y los jóvenes seres humanos, ésa es su propia historia, no es simplemente la historia de reyes y guerras, es la historia de ellos mismos. ¿Cómo puede el educador ayudar al estudiante para que comprenda su propia historia, la historia que es el pasado del cual él mismo es la consecuencia? Ése es el problema. Si usted es el educador y yo soy el joven estudiante, ¿Cómo me ayudaría a comprender mi propia estructura en su totalidad, siendo yo toda la humanidad y mi cerebro el resultado de muchos millones de años? Todo forma parte de mí; la violencia, la competencia, la agresividad, la brutalidad, la crueldad, el temor, el placer con alguna alegría pasajera y el suave perfume del amor. ¿Cómo me ayudaría a comprender todo esto?

Lo cual significa que como educador también debe comprenderse a sí mismo y, a partir de ahí, ayudarme a mí mismo como estudiante a comprenderme. Por tanto, es una comunicación entre el profesor y yo, y en el compartir esa comunicación el profesor está comprendiéndose a sí mismo y me está ayudando a que yo me comprenda a mí mismo. No es que el profesor o educador primero deba comprenderse y luego enseñarme -eso, posiblemente, le llevaría el resto de su vida-, sino que en la relación del educador y la persona que es educada se comparte una investigación mutua. ¿Puede hacerse esto con el niño o con el joven estudiante? ¿Cómo lo hará? Ésa es la cuestión.

¿Cómo usted, en su papel de padre, iniciara esta investigación? ¿Cómo ayudará a su hijo a comprender totalmente la naturaleza y estructura de su mente, de sus deseos, de sus temores; toda la fuerza de la vida? Ése es el gran problema.

¿Estamos como padres y profesores, preparados para dar origen a una nueva generación, porque de eso se trata: una generación de personas con mentes y corazones por completo diferentes? ¿Estamos preparados para eso? Si usted es padre, ¿estaría dispuesto a dejar la bebida, el cigarrillo, la marihuana, ya sabe, toda la cultura de la droga, por el bien de su hijo y ver que ambos, usted y su hijo, crecen como buenos seres humanos?

La palabra bueno significa ´equilibrado´ -psicológicamente, sin fricción alguna, como una buena puerta o un buen motor-, ¿entienden? Asimismo, bueno significa ´completo´, que no está desequilibrado ni fragmentado. Por tanto, ¿Estamos preparados, mediante la educación, para dar origen a un buen ser humano, un ser humano que no tenga temor: temor a su vecino, al futuro, a las enfermedades, a la pobreza, ¿y a tantas otras cosas? De igual modo, ¿estamos preparados para ayudar al estudiante y ayudarnos a nosotros mismos a ser íntegros? La palabra íntegro también significa ´completo´, significa decir lo que es, no decir una cosa y hacer otra diferente. Ser íntegro significa ser sincero. ¿Es posible ser sincero si tenemos ideales románticos y especulativos, ilusiones y creencias convincentes? Posiblemente seamos sinceros para con una creencia, pero esto no significa integridad. De hecho, traemos hijos al mundo, los mimamos hasta que tienen, dos o tres años y luego los preparamos para la guerra. La historia no ha educado al hombre; cuántas madres habrán llorado a sus hijos que murieron en la guerra y, aun así, somos incapaces de detener esta monstruosa matanza entre unos y otros.

Si vamos a enseñar a jóvenes, nosotros mismos debemos tener el propósito de exigir lo mejor. Lo mejor no es un ideal; es ser completo, íntegro, no tener miedo ni estar confundido; lo cual no es un ideal, es un hecho. ¿Podemos ser objetivos y así, mediante la educación, dar origen a un excelente ser humano? ¿Queremos realmente una cultura diferente, un ser humano distinto, con una mente que no esté confundida, libre de temor y que tenga esta cualidad de la integridad?

De las conversaciones con el MAESTRO espiritual :
J. KRISHNAMURTI

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