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El Ego.

¿Es posible liberarse de la actividad egocéntrica? ¿Existe realmente el ego, aparte de la imagen que nos hemos creado de él?

 

¿Qué queremos decir cuando nos referimos al ego? Si le preguntamos a alguien qué es el ego, probablemente nos respondería: <Es el conjunto de todos mis sentidos, sentimientos, imaginación, mis necesidades románticas, mis posesiones, tener un esposo, una esposa, mis cualidades, mis luchas, mis logros, mis ambiciones, mis aspiraciones, mis desgracias y mis alegrías>, todo eso es el ego. Pueden agregarse más palabras, pero su verdadera naturaleza es el centro, el “yo”, mis impulsos –<Debo ir a la India, al Tíbet, e incluso más cerca a Valle de Elqui, para encontrar la verdad>-, entre otros. Todas las acciones surgen de ese centro; nuestros deseos, ambiciones, luchas, discrepancias, opiniones, juicios y experiencias, todas están basadas en ese centro; que no sólo es el ego consciente actuando hacia fuera, sino también la profundidad interna de la conciencia que no es visible ni palpable; son todos los diferentes niveles de consciencia.

Ahora bien, el interlocutor pregunta: < ¿Es posible liberarse de ese centro? <. Pero ¿por qué queremos estar libres del centro? ¿Será porque el centro causa división? Es decir, el ‘yo’ es el elemento activo que funciona todo el tiempo; es el mismo ‘yo’ con distintos nombres, con otro color de piel, con otro empleo, con otra posición en la estructura jerárquica social –usted es el señor Fulano de Tal, todas estas cosas, y aquél otro es un sirviente–, pero es el mismo ‘yo’ que se divide a sí mismo en todas estas categorías diferentes, sea en lo social, económico o religioso.

Allí donde haya esta división, debe haber conflicto: el hindú que se opone al musulmán, el judío, el árabe, el americano, el inglés, el francés. En lo físico eso es evidente y ha generado tremendas guerras, gran sufrimiento, crueldad y violencia. El ego se identifica con un ideal, noble o innoble, y lucha por ese ideal; pero, aun así, sigue siendo la actividad del ego. La gente va a la India, al Tíbet, a Valle de Elqui, tratando de encontrar espiritualidad; se ponen diferentes disfraces, y lo único que hacen es cambiar el atuendo, las vestiduras, pero en esencia sigue siendo el ‘yo’ en plena actividad, todo el tiempo luchando, esforzándose, aprovechándose, oponiéndose, estando en lo profundo aferrados a sus propias experiencias, ideas, opiniones y deseos. En la vida diaria, uno puede observar que este centro, que el ‘yo’ es la causa de todos los problemas. Asimismo, uno puede observar que el ‘yo’ es la causa de todo placer, temor y sufrimiento. Por lo cual nos preguntamos: < ¿Qué debo hacer para deshacerme de este centro, a fin de estar por completo, absolutamente libre, no de forma parcial?>. Es bastante sencillo liberarse parcialmente; uno puede ser menos egoísta, interesarse un poco por el bienestar social, en los problemas de los demás, pero el centro siempre está ahí, actuando de forma incesante.

¿Es posible liberarse completamente de ese centro? En primer lugar, debemos tener presente que cuanto mayor sea el esfuerzo para liberarnos del centro, más fortalecemos el centro, el ego. Todos aquellos que, tratando de forzarse a sí mismos, practican diversos tipos de meditación, de inmediato el ‘yo’ que se identifica con ese esfuerzo queda atrapado en esa lucha, y dice: <Yo ya lo he logrado>, pero ese ‘yo’ sigue siendo el centro.

Para liberarse no debe haber esfuerzo alguno; lo cual no significa hacer lo que uno quiera, porque eso sigue siendo una acción del ego.
Por tanto, ¿qué podemos hacer? Si no es necesario hacer ningún esfuerzo, porque vemos la verdad de que a mayor esfuerzo aumenta la actividad del centro, entonces ¿qué podemos hacer?
El interlocutor pregunta: < ¿Existe realmente un ego, además del ego creado por el pensamiento con sus imágenes?>. Mucha gente pregunta lo mismo. Los hindúes han dicho que hay un principio superior, que es ‘el ego’. Nosotros también imaginamos que hay realmente un ego además del ‘yo’. Estoy seguro de que todos ustedes creen hay alguna u otra cosa más allá de este ‘yo’, que ha sido denominada como el ego superior, sublime o supremo. Cuando utilizamos la palabra ego, o cualquier otra palabra, para describir lo que se encuentra más allá del ego, del yo, sigue siendo el ego.

Así pues, ¿es posible liberarse del ego sin convertirse en un vegetal, en un soñador un poco chiflado? Lo cual significa: ¿es posible liberarse totalmente de los apegos?, que son los atributos y cualidades del ego. Nos apegamos a nuestra reputación, a nuestro nombre, a nuestras experiencias; nos apegamos a lo que hemos dicho. Si realmente deseamos liberarnos del ego, significa que no debe haber ningún apego; eso no quiere decir que seamos indiferentes, mediocres, insensibles y que vivamos encerrados en nosotros mismos, lo cual es otra actividad del ego. Si antes estaba apegado ahora digo: <Dejaré de estar apegado>, ésa sigue siendo otra acción del ego.
Cuando realmente dejamos de estar apegados, sin esfuerzo alguno, por completo y radicalmente, entonces, desde esta profunda sensibilidad sin apego alguno, adviene la responsabilidad. No es responsabilidad hacia nuestra esposa o nuestros hijos, sino el significado profundo de lo que es la responsabilidad. ¿Estamos dispuestos a hacerlo? Ésa es toda la cuestión. Podemos hablar indefinidamente, decirlo en otras palabras, pero cuando se trata de probarlo, de actuar, no parece que estemos dispuestos a hacerlo; preferimos seguir como estamos, con el statu quo ligeramente modificado, pero siguiendo con nuestras peleas.

Si realmente lo hacemos, entonces es posible liberarnos de nuestras propias experiencias, de nuestro conocimiento y de nuestras percepciones acumuladas; y eso no necesita tiempo. Una de nuestras excusas es: necesitamos más tiempo para ser libres. Cuando vemos que uno de los aspectos más importantes del ego es el apego y nos damos cuenta de las consecuencias que tiene en el mundo, de cómo influye en nuestras relaciones con los demás –peleas, divisiones y todo lo desagradable que sucede en la relación– si realmente vemos el apego, entonces nos liberamos de él. Nuestra propia percepción nos libera. ¿Están dispuestos a hacerlo?

De las conversaciones con el MAESTRO espiritual :
J. KRISHNAMURTI

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